Hay
pasiones que no caducan, vuelven, no tenía idea – nadie la tiene-de que fuera a
volver una de ellas. A veces pienso que yo solita con mis palabras he
sentenciado mi vida a sucesos repetidos, a poemas que se vuelven carne, a
situaciones que viví antes, hace años, 15, 10, por decir menos.
Piel
de gato regresó, jamás me pasó la idea de que ibas a hablar, no en este
momento, o tal vez ante la duda de si hacía lo correcto, lo conveniente, fue
que me asaltó el furor a la memoria. La piel de gato que se me eriza ante
ciertos momentos como la incertidumbre de tu llegada.
No
había tenido noticias tuyas hasta esa tarde en que la monotonía me invadía, la
duda de si hacía bien las cosas o no, tal vez un presentimiento o el deseo de alguna
señal para decidirme a decir no.
II
Y
de repente la piel de gato se eriza, se contonea y desnuda todas las mañanas
esperando tu mirada, sintiendo en sueños tus besos por mi espalda, tu boca en la
nuca, sintiendo, sintiendo esa noche, esperando tu respuesta, tu deseo,
caliente el sexo con las ganas de que recorras mi clítoris.
Convertida,
nuevamente, en una gata en celo que te busca, como si no hubiera pasado el
tiempo, el momento en que dejabas al gato beber tu leche, tragarla, sentir el
sexo del hombre- tú eres ese hombre- esa locura que se monta en mis piernas,
atrás mío para hacerme maullar, o gemir, gritar de placer.
III
Re
escribirte en cada poro, porque tu piel no se olvida, o mejor dicho, los
lugares que nos hacen felices no se olvidan, tu cuerpo me hace feliz, me
embelesa, me fascina como cuando me pierdo nadando sobre un mar tranquilo,
olvidando que el mundo está afuera. Tu piel, que recorrería a nado mojándote una
y otra vez mientras me pones contra la pared.
Abres
mis piernas, entras con tu sexo furioso para hacerme tuya, doblarme, extasiar
mi psique, y hacer que mi vagina te escurra cálida por tu falo, tu sexo adentro
que me quema y me hace renacer.
IV
Piel
de gato se eriza, da vueltas sobre tu cabeza, pone su sexo en tu boca mientras
tu lengua lo desbarata y maúlla excitado,lame tus pezones, tu pecho, tu sexo,
hasta la última gota, hasta la última gota, te espera una y otra vez.
Para
re escribirte, no basta una vez, no basta el sueño, faltan los volcanes de tus
orgasmos en mi ser, piel de gato sueña, y te anhela mientras piensa: Ya pronto,
ya casi, estoy a punto de venirme, venirnos.
Nunca imaginé que volvería a la ciudad donde se fraguó la conspiración para darle libertad a este país. Años de no pasar por esas calles.
Tampoco imaginé que estaría en esas calles legendarias, y menos en tu casa, que llegaría por fin hasta ti, después de años de correspondencia y mensajes. Tus cartas eroticas y ese placer que recorre mi cuerpo al leerlas, tus fotos.
Pero ahí estaba, con un nítido paisaje en tu cambiante ciudad. Recién bajé del camión y caminé muy poco para llegar a tu hogar, voy tranquila, disfrutando el lugar porque espero encontrarte.
Tu casa es muy amplia, de paredes y techos altos, con un largo pasillo donde tus plantas y flores de ornato parecían disfrutar el fresco viento, toda de blanco para transmitir paz, un gran patio, tu jardín. Y ahí estás, recargado en uno de tus muros, como esperándome, listo para mostrarme tu estudio cuando en eso llega tu amiga (la llamaremos Vik), una chica muy guapa y elegante, se acerca a ti para marcar su territorio y mirándome de abajo arriba. Lleva un conjunto de pantalón acampanado y blusa de manga larga color blanco, vaporoso, que marcan su torneada silueta y hacen juego con su blanquecina piel y cabellos negros.
Tú siempre de buen gusto y casual, con un suéter beige y pantalón de vestir color crema, tenis blancos. Casi todo va en los mismos tonos, a excepción las vigas del techo color caoba y tus fotos en los pasillos, las esculturas de cuerpos desnudos en piedra, detalladamente marcados los rostros, todos los detalles.
De reojo veo que te encierras en el estudio con Vik, pero no me importa más que recorrer tu casa, los pasillos, la azotea desde donde se miran casas del mismo estilo, y ese cielo tan claro que casi toco con las manos. Todo está ordenado, no como la caótica de mi casa, aunque , tengo mi orden dentro del caos.
Tal vez fue el placer de sentirme adentro de tu mundo lo que me hizo llegar a ti, o las ganas reprimidas, o la curiosidad. Como sea, ya cuando vi estaba adentro del estudio contigo, tú totalmente desnudo, esperándome erecto, desde hace mucho, y yo atónita, maravillada de tu belleza. Cuando me di cuenta, mi blusa y pantalón caían al suelo.
Me posees frenéticamente, me dejo doblar por tus ganas, me recorres con tu lengua de abajo arriba y exploto en tu rostro. Una y otra vez estoy en ti, sobre ti, somos una marea, caballos galopando libres como los de tu escultura. Te beso todo, tu torso, tus brazos, tu sexo ardiendo por mi, para mi, y nuevamente me llenas de ti. No dejo de pensar que eres una belleza. Ni siquiera el cansancio de los orgasmos nos detiene, cogemos como esperábamos hacerlo, como si fuera la última vez que estemos juntos.
En algún momento pensé qué rayos hago aquí, pero tu sexo y deseo me hacen olvidarlo, y solo basta mi sexo ardiendo contigo. Me pones de espaldas, me atas de los brazos con una mascada negra, estoy en cuclillas y me disfrutas chupando mis sentidos, tu sexo implacable en el mío, escurro de ti, tu semen que me complace. Adentro, en mi espalda, en mis labios. La tarde comienza a irse.
Pero todo es inicio y final. Nunca es nada para siempre, apenas lo comprendo o después de descansar nuestra locura, las ganas de tiempo acumulado buscándonos. Nada es para siempre, apenas lo comprendo, y lo acepto.
De repente me llaman al cel, ya tengo que irme, salgo presurosa y apenas me visto bien en tu pasillo. Vik está afiera, enojada, mientras me visto te reclama, pero no la tomas en cuenta.
Voy corriendo a alcanzar el camión de la excursión, apenas y llego a tiempo a la terminal mientras la gente ya está arriba. No me percato que vas detrás de mío, corriendo también, como si no quisieras terminara nuestro día. La gente desesperada que quiere irse, cuaneo llegas al andén y me jalas del brazo. Yo llegando tarde, ya es mi sello personal.
Me tomas por el brazo y te sigues viendo tan bien con tu Jersey que me hipnotizas, me halas a ti, y me das un beso largo y profundo, me pierdo en tu boca. Somos ese final cursi de película,mientras arriba del bus los pasajeros gritan desesperados y molestos al unísono: Vámonos!!.
Nos despedimos sin ganas de soltarnos, como si alguna vez fuera a volver este día en que por fin, fuimos locura y pasión descomunal, extrañeza, belleza, la gran belleza. Como si este día fuera a regresar, extasiante, sublime, frenético, salvaje, magnífico, mojado de nuestros líquidos impasibles y deseosos de otra vez.
Subo al autobús, viendo tu sonrisa a lo lejos, dulce y perversa, albergando nuestra complicidad, que haya otra vez.
Confieso desperté alterada, con esa humedad entre mis piernas, y esa taquicardia post orgasmo, esa sensación de que el sueño fue real y tu cuerpo al lado mío, adentro de mi, aún.
Pero sólo fue eso, un sueño. Nunca imaginé después de tantos años mi subconsciente te deseara tanto, o que en mis fantasías eroticas ocupas un lugar. Ni tu cuerpo tan perfecto, una belleza.
Es cierto lo que dices, que la realidad puede ser distinta al sueño, pero ya vi y sentí tu cuerpo, y tú mi humedad.
Pero qué importa cuando lo onírico se hace real, que te pude tener y tocar.